Campo de concentración de Sachsenhausen

Dirección: Memorial y Museo de Sachsenhausen, Straße der Nationen 22, Oranienburg.
Cómo llegar:
• En tren: línea S1 (Wannsee dirección Oranienburg). Debes bajar en la última parada, la de la estación de Oranienburg. Imprescindible billete válido para zonas ABC.
• Una vez en Oranienburg, para llegar hasta Sachsenhausen utiliza los autobuses nº 804 y 821 a la salida de la estación (parada Gedenkstätte).

El campo de concentración de Sachsenhausen en Berlín es una visita obligada si te interesa la historia contemporánea (incluso en su vertiente más triste).

Y es que el campo de Sachsenhausen funcionó primero como prisión para presos políticos durante todo el nazismo y la Segunda Guerra Mundial, como modelo para otros campos de concentración y, finalmente, como campo de exterminio. Por Sachsenhausen pasaron más de 200.000 víctimas del nazismo y aunque no es una visita precisamente agradable, sí es una visita necesaria.

A continuación descubrimos todo sobre la historia del campo, cómo llegar a Sachsenhausen y qué ver una vez allí para que aproveches al máximo el tiempo que puedas dedicarle.

El campo de concentración de Berlín que se convirtió en campo de exterminio

En un principio, el campo de concentración de Sachsenhausen comenzó a funcionar en las afueras del pueblo de Oranienburg como cárcel para presos políticos. De este modo, una vieja fábrica se convirtió en 1933 en prisión para casi 3.000 reclusos confinados allí por su oposición al régimen nazi. Hasta el año siguiente, estos prisioneros se dedicaron a realizar distintos trabajos en los que se les permitía moverse por el pueblo. Entre los presos políticos de Sachsenhausen se incluían varios republicanos españoles en el exilio, como el expresidente Largo Caballero, trasladado aquí tras ser detenido en Francia.

Pero a la altura de 1936 las cosas cambiaron. Con el recrudecimiento de las políticas de represión política y sobre todo tras el nombramiento de Himmler como jefe de las SS (principal fuerza de seguridad del régimen nazi), se optó por construir en Sachsenhausen un campo de concentración como tal, diseñado por arquitectos del régimen, y que se convertiría en modelo para otros campos de concentración en Alemania.

En 1938, además, el principal órgano de gestión de los campos de concentración nazis instaló su oficina principal en Oranienburg, por lo que Sachsenhausen terminó convirtiéndose, lamentablemente, en un auténtico referente.

De hecho, cuando accedas al campo una vez pasada la entrada verás a mano derecha un complejo de instalaciones que servía de entrenamiento para los miembros de las SS antes de ser destinados a otros campos de concentración (y que hoy funciona como centro de entrenamiento para policías… los alemanes, prácticos como siempre).

Desde entonces, el campo de concentración de Sachsenhausen ya no solo acogería a presos políticos, sino también a todas aquellas personas susceptibles de ser consideradas como biológicamente inferiores por los nazis, como judíos, gitanos u homosexuales. Además, comenzaron a instalarse en el campo cámaras de gas y hornos crematorios, lo que lo convertiría en campo de exterminio. A estos horrores se sumarían los de los experimentos médicos llevados a cabo en Sachsenhausen y los fusilamientos masivos a prisioneros de guerra trasladados allí durante la II Guerra Mundial.

Hasta el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945, más de 200.000 personas fueron recluidas en Sachsenhausen: cuando los soldados soviéticos entraron en el campo en abril de ese mismo año, apenas habían sobrevivido 3.000 personas, que resistieron las extremas condiciones de vida del campo, sometidos a un frío intenso, a la desnutrición, a las epidemias y a los interminables recuentos de prisioneros realizados al raso y durante horas.

A pesar de todo, la historia de Sachsenhausen como campo de concentración no terminó aquí: en agosto de 1945 fue reutilizado por los soviéticos para alojar a otros presos: esta vez fueron los propios nazis quienes fueron recluidos, incluyendo funcionarios, militares, etc., y convirtiendo de nuevo el campo en un referente -esta vez, para los denominados “campos especiales” soviéticos, pues era el mayor de los tres instalados en la zona de ocupación soviética-.

Sachsenhausen sería cerrado definitivamente en 1950, aunque volvió a habilitarse su visita en los años sesenta por parte de los soviéticos, y desde 1993 abre sus puertas a todos aquellos visitantes que quieran profundizar en su historia.

La mayor operación de falsificación de la historia

Si has tenido oportunidad de ver la película Los Falsificadores, seguro que lo que te vamos a contar ya te sonará. Y es que fue en el campo de concentración de Sachsenhausen donde se llevó a cabo la Operación Bernhard, en la que varios judíos fueron reclutados (en función de sus habilidades) y llevados a este campo para formar parte del caso de falsificación de billetes más sonado de la historia.

Primero, comenzaron copiando libras para los nazis, y ante la amenaza de ser trasladados al campo de exterminio de Auschwitz una vez concluido su trabajo, se ofrecieron para falsificar también dólares. Al término de la guerra, aunque los nazis intentaron llevárselos a otro campo con el fin de asesinarlos para no dejar testimonio de lo sucedido, los soldados estadounidenses los interceptaron a medio camino y los falsificadores, como pasarían a la historia, lograron salvar su vida.

Visitar Sachsenhausen: qué ver una vez allí

La visita al campo de concentración de Sachsenhausen puede resultar un poco abrumadora al principio, pues los lugares de interés están bastante “desperdigados” y hay que caminar un buen trecho para llegar desde unos hasta otros.

El centro de información al visitante: la introducción a Sachsenhausen

Junto al mostrador de entrada al complejo puedes acceder a una breve pero interesante exposición sobre la historia de este campo de concentración, en la que se incluyen fotografías y objetos originales utilizados por los presos y los guardias, acompañados por textos explicativos en inglés y alemán que te harán a hacerte una idea muy completa de lo que vas a ver antes de comenzar la visita.

Museo de Sachsenhausen

Cuando los soviéticos inauguraron el Memorial de Liberación en los años sesenta, decidieron poner en marcha también un museo destinado, por entonces, a conmemorar a todos aquellos soviéticos víctimas del nazismo (de hecho, el museo fue muy criticado en el momento por obviar de cierta manera al resto de víctimas de Sachsenhausen, y por considerar que las atrocidades cometidas por los nazis contra los judíos eran el fruto de una sociedad capitalista diseñada para explotar al más débil más que una pura cuestión de racismo). Con el paso de los años y especialmente tras la caída del muro, el Museo de Sachsenhausen se fue transformando y haciendo más completa -y algo menos subjetiva- su exposición.

La Torre A

Justo al lado del museo verás la llamada Torre A de Sachsenhausen. Se trata de un edificio blanco de tres cuerpos cuya puerta (donde aparece la tristemente famosa frase Arbeit macht frei presente en todos los campos de concentración nazis) debes atravesar para acceder al propio campo. Una vez dentro, ante ti se extiende una enorme explanada en la que se han reconstruido algunos de los barracones (con exposiciones en su interior sobre temáticas diversas relacionadas con el campo). En el caso de los que no se han reconstruido, aún puedes ver el lugar que ocuparon para hacerte una idea del aspecto que debía presentar el complejo, pues su perímetro está delimitado con bordillos y marcado con un número en el suelo.

Puedes subir a la Torre A para echar un vistazo a su exposición y sobre todo para asomarte a su ventanal y contemplar todo el campo de Sachsenhausen desde una perspectiva central.

Monumento de Liberación soviético

Erigido por los soviéticos en 1961, este monumento destaca en mitad del campo por su imponente obelisco, bajo el que se puede ver la escultura de un soldado soviético liberando a los presos de Sachsenhausen. Al contemplar el monumento puede que te llamen la atención también los triángulos; representan los países de origen de todas las víctimas de Sachsenhausen.

También verás referencias a estas nacionalidades junto al paredón de fusilamiento, situado cerca de los hornos crematorios y forrado de madera (para amortiguar el sonido de los disparos), en el que se pueden apreciar varias placas colocadas por los gobiernos de distintos países, así como en uno de los barracones, donde se han reconstruido las celdas de confinamiento, en muchas de las que podemos ver coronas y banderas francesas, británicas, etc.

Monumento en Memoria del Prisionero

Esta sobrecogedora escultura constituye un homenaje a todas las víctimas del campo de concentración de Sachsenhausen. Lo encontrarás, siempre rodeado de coronas de flores y velas, junto a los antiguos hornos crematorios y las cámaras de gas, en uno de los extremos del campo.

Además de estas visitas, puedes acercarte a ver el museo dedicado a las víctimas gitanas de Sachsenhausen, situado en uno de los antiguos edificios que albergaban las fábricas donde trabajaban los presos.

Cómo llegar a Sachsenhausen

Vamos a ver cómo llegar al campo de concentración de Sachsenhausen desde Berlín de forma muy sencilla:

Lo más práctico es utilizar el tren (línea S1 en dirección a Oranienburg Bhf). Puedes cogerlo desde varios puntos céntricos de la ciudad, como Potsdamer Platz o Friedrichstraße, y debes bajarte en Oranienburg. El trayecto dura unos 40 minutos y necesitarás tener un billete de transporte válido para las zonas ABC.

Una vez estés en Oranienburg, tienes dos opciones:

  • Ir a pie hasta Sachsenhausen: el camino hasta la entrada del campo no tiene pérdida, pues hay indicaciones al salir de la estación y el paseo te llevará unos 20 minutos. Eso sí, no se trata de un lugar con especial encanto ni vas a ver ningún punto de interés por el camino, pero si no te importa andar, no se hace muy pesado.
  • Coger algunos de los autobuses nº 804 y 821 justo a la salida de la estación, que te llevan en 10 minutos hasta la entrada del campo de concentración de Sachsenhausen (la desventaja es que no pasan con demasiada frecuencia, y si justo llega tu tren y se acaba de marcha, te tocará esperar un buen rato -aunque se indica cuánto falta para el siguiente en las pantallas de la parada-). La parada donde debes bajar para acceder a Sachsenhausen es Gedenkstätte y puedes utilizarlos con el mismo billete válido para zonas ABC que empleaste para el tren.

Consejos para visitar el campo de concentración de Sachsenhausen

  • Para visitar el Museo y Memorial de Sachsenhausen lo mejor es coger el tren en Berlín a primera hora de la mañana, para llegar temprano y evitar las horas de máxima afluencia de turistas (en temporada alta).
  • Si vas a visitar Sachsenhausen entre los meses de octubre y abril, te aconsejamos que lleves ropa de abrigo (incluso impermeable), pues las temperaturas en invierno son muy bajas y al ser un lugar tan desprotegido y desarrollarse la mayoría de visitas en el exterior, hace bastante frío.
  • Hay audioguías en español disponibles a la entrada; te aconsejamos alquilarla para poder comprender mejor todo lo que vas a ver a continuación (cuesta 3 €).
  • La visita a Sachsenhausen cuenta con 37 lugares de interés (algunos bastante alejados entre sí), por lo que te aconsejamos hacer una selección de los que más te interesa ver, ya que la visita completa puede llevar unas 5-6 horas.
  • Comienza la visita por el centro de visitantes y continúa, al salir, echando un vistazo a la maqueta que hay en la entrada antes de acceder al propio campo. Te ayudará a hacerte una idea aproximada de las dimensiones del mismo (aunque no todo el complejo de Sachsenhausen es visitable) y a situarte antes de empezar.

Horario:
  • Desde el 15/03/17 hasta el 14/10/17, todos los días de 08:30-18:00 horas.
  • Desde el 15/10/17 hasta el 14/03/18 de 08:30-16:30 horas (el museo cierra los lunes).
Los días 24, 25, 26 y 31 de diciembre y el 1 de enero el campo abre de 11:00-16:30 horas.
Precio:
Gratis.